Berna, la capital verde

Cuando viajo, evito las ciudades y el ritmo acelerado de las urbes. Prefiero el agua (salada o dulce), árboles (de cualquier tipo) y muchos animales (mientras más cerca, mejor). No obstante, Berna cambió por completo mi percepción de lo que puede ser recorrer una ciudad.

Viajé a Suiza en agosto para visitar a mi amiga Bruny; quien conociéndome perfectamente, me llevó a lugares que ella sabía me encantarían.

Paisaje verde
En la capital de Suiza existe agua por todos lados. La ciudad está rodeada por el río Aare y además hay más de cien fuentes. A diferencia de otras ciudades sembradas de cemento, en Berna prevalece un paisaje verde, no solo por su cercanía a los Alpes, sino también por la infinidad de parques y jardines repletos de naturaleza.

Esculturas en fuentes
Nuestro recorrido por el casco antiguo comenzó tan pronto cruzamos la calle de la estación del tren. Nos dirigimos al Paseo de Arcadas para ver las famosas fuentes del escultor suizo Hans Gieng y a buscar alguna heladería. Ya Bruny me había comentado que en Berna se inventó el Toblerone, así que una de las misiones era encontrar gelato de este chocolate.

En espera de las campanadas
Pasamos por la primera fuente, en la que por cierto, llenamos nuestras botellas de agua. A varios pasos está la Torre del Reloj (Zeitlockentrum); donde nos detuvimos a esperar un poco, para ver el movimiento de las figuras autómatas minutos antes de la hora y escuchar las campanadas del gigantesco reloj a la hora en punto. El paisaje: una torre alta, cielo despejado y mucho verde en el horizonte.

Bombas de jabón
Mientras esperábamos, nos entretenía un artista callejero haciendo malabares con bombas de jabón. Además de demostrar sus habilidades formando los frágiles óvalos, vendía los materiales para hacerlas; atractivo para cualquier edad. Entonces, nuestra vista se desvió hacia arriba, los autómatas empezaron a moverse. Luego, las tan esperadas campanadas: tin, tan, tin ton y la sincronización perfecta de este reloj astronómico; que da la hora, el día, el mes y hasta el zodiaco.

Einstein en Berna
Seguimos caminando hacia la calle Kramgasse para entrar a la casa museo de Albert Einstein. Las fotos, mobiliario y documentos de Einstein-Haus confirman que este físico alemán desarrolló el primer tratado de la Teoría de la Relatividad mientras mientras vivió en Berna (1903-1905).

Abejas y almuerzo
Luego del museo fuimos a almorzar al restaurante Falken, en la calle Munstergasse. Las abejas nos acompañaron durante el almuerzo; símbolo de un balance saludable en el ambiente. Allí probé por primera vez la papas Rösti y me enamoré; que a propósito, esta torta de papas ralladas y doradas, son una especialidad bernesa. Obviamos el postre porque preferimos esperar por el gelato de Toblerone.

Sobre el río
Caminamos hasta el puente Nydeggbrücke para dirigirnos hacia el Jardín de las Rosas. El trayecto se convertía en uno cada vez más verde por la gran cantidad de árboles a ambos lados del río Aare. Por el camino vimos unos rótulos que marcaban la ruta de algunos lugares donde Paul Klee, el artista suizo alemán, se inspiró para pintar sus obras.

Picnic y un baño en la fuente
Cruzamos un parque, de los muchos que hay en la ciudad, donde vimos familias almorzando su picnic y niños bañándose en las fuentes. En Suiza, como en otros países de Europa, los espacios verdes se mantienen en perfectas condiciones, habilitados con mesas de bancos y totalmente limpios.

Arte en el Jardín de Rosas
Luego de subir una cuesta empinada, pero resguardada por la sombra de los árboles, llegamos al Jardín de Rosas. Este entorno verde y aromático cuenta con un pabellón, un restaurante y un jardín de lectura. Sentados alrededor del estanque encontramos a varias personas dibujando, inspirados quizás por la ruta de Klee.

Gelato de Toblerone
Regresamos al casco antiguo y en la calle Gerechtigkeitsgasse encontramos la tan esperada heladería: La Golosa Gelato y por supuesto, el gelato de Toblerone. Saboreando esta delicia, le dije hasta pronto al paisaje de esta ciudad verde, al aroma de sus rosas y a las campanadas del antiguo reloj… tan, tan… De regreso en tren a descansar en casa de mi amiga, para nuestro próximo día en Suiza.


Prácticas de turismo consciente:

  1. Llevar una botella de agua para evitar comprar las plásticas.
  2. Disfrutar de los entornos verdes sin dejar basura.
  3. Aprender sobre la historia del lugar.
  4. Conocer la flora de los espacios verdes.
  5. Compartir el espacio con las abejas.

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