Cómo evitar la contaminación marina al viajar (Parte 2)

Segunda parte del artículo escrito por Pamy Rojas donde nos cuenta lo que podemos hacer para contaminar lo menos posible durante un viaje.

Reporto cualquier desborde de alcantarillado, más que por la peste…

Lo sentí mientras estaba admirando los árboles que daban sombra a la carretera de solo dos carriles que transitaba para llegar a la playa Puerto Nuevo, aquí en Puerto Rico. Le pregunté a mi amiga si necesitaba ir al baño. Ella me dijo que no, que no se había tirado un pedo. Bajé el cristal del auto y el olor aumentó. Entonces vi el agua que salía por una alcantarilla desbordada. Busqué en Google el número de teléfono de emergencias ambientales para reportar esa avería. No me contestaron, era domingo. Decidí que entonces no me iba a meter en la playa donde llegarían esas aguas negras a contaminar la playa.

Limpié la caca de los gatos, en serio

Iba de camino al teatro Marcello y primero me dio el olor y luego la vi, justo antes de pisarla. Allí en la acera había caca de uno de los tantos gatos que vive en Roma. Saqué una de esas servilletas que siempre llevo en el bulto –por si acaso soy yo quien tiene que ir al baño– y la recogí. Para mi es algo lógico hacer algo así porque sé que la lluvia va a arrastrar esos desperdicios al río Tíber y de allí llegará al mar. Además, me gustaría seguir comiendo pescado en Italia sin pensar cuánta de esa contaminación marina está llegando a los océanos del mundo entero.

Recojo las colillas de cigarrillo, los peces no fuman

Antes de viajar a Suiza sabía que el agua de los lagos de allí era tan limpia que hasta se podía beber. A pesar de eso –y de que la primera impresión que me dio era que las calles estaban más limpias que la Inmaculada Concepción– noté que en algunos lugares de Zurich había muchas colillas de cigarrillo regadas por el suelo, restándole puntos a uno de los países más limpios del planeta. Pensé que para que el dato del lago fuera real tendrían que limparlas antes de que las lluvia las arrastrara al agua. Me convencí de que eso sucedería pero igual recogí unas cuantas, y borré de mi mente la imagen del pez con la colilla en la boca y hasta un sombrero de lado. Quizá ese mismo pescado yo me lo comería luego con todo y nicotina, arsénico y plomo. La contaminación del mar en el plato de comida.

Pido solo la fritura que me voy a comer

Andaba con mi pareja por Piñones probando todo tipo de frituras puertorriqueñas para almorzar. Pedí una alcapurria de carne, un bacalaito, un pionono y un relleno de papa. A pesar de que compartí la comida, no pude terminarla. Allí en el contenedor de basura –no en el que fríen la comida– dejé más de una servilleta embarrada de grasa, los restos de amarillo del pionono y la mitad de la alcapurria. Me dio pena dejar las sobras porque sabía que pararían a un vertedero. Quizás a uno de esos que hay en Puerto Rico que todavía no tienen protección contra los lixiviados –ese líquido tóxico que sale de los residuos y si no se recoge adecuadamente llega al mar y contamina el agua–. Esa noche para cenar solo pedí un mofongo relleno y me lo comí todo.

Vuelve a leer las recomendaciones en la Parte 1.

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