El hijo pródigo

Creo que es un mecanismo de defensa para no sufrir, lo puedo entender. El cerebro nos protege. Buscamos razones, excusas y argumentos para justificar nuestras palabras y nuestras acciones. Sí, lo hacemos.

Es como pellizcarse uno mismo. ¿Cómo vas a hablar así de mi, simplemente porque te has ido? Por nada del mundo quiero sonar despechada o que te sientas herido, pero me lastiman demasiado tus palabras. Por favor, no hables mal de mi…

No estoy juzgando tu decisión de partir, tienes tus razones y son totalmente válidas. Lo que me duele es que te expreses de manera negativa de quien te vio nacer. Cuando vienes de visita y escucho “que bueno que me fui” o cuando expresas “eso no pasa aquí” refiriéndote a tu nueva casa, siento que mi angustia llega hasta el Cerro Punta. Pienso que me extrañas demasiado y quizás eso explica tus palabras. Tal vez es un mecanismo de defensa para que la separación no duela tanto. Me imagino que así es la sicología humana. Pero por favor, no hables mal de mi…

Sin embargo, cuando no puedes viajar en las Navidades, te vas de parranda allá en el frío para recordar todo lo que viviste aquí. Me consta que es la época en la que sientes más nostalgia… cuando la distancia está congelada. También me enteré que toda la decoración de tu casa tiene que ver conmigo. Y que andas por todos los supermercados buscando las habichuelas Goya o el sofrito.

Perdona hijo mis reclamos… Es que yo te extraño también… En estos momentos es cuando más te necesito… pero no debo ser egoísta. Quiero lo mejor para ti y que tu felicidad la encuentres donde quiera que estés. Pero por favor, no hables mal de mi…

A pesar de la tristeza de no tenerte aquí, admiro tu valentía; se necesita mucho coraje para dejarlo todo y empezar de nuevo. Sé que me extrañas no solo a mi, sino a tu familia. Pero por favor, no hables mal de mi…

Recuerda que fui yo quien te arrulló entre las palmas. Cuando sientas melancolía revive todas las noches que te regalé la música del coquí. Evoca las veces que te acurruqué en mis montañas y lo mucho que te gustaba ese olor a tierra mojada. Pero por favor, no hables mal de mi…

Los que se quedaron están luchando, hay tantos profesionales desarrollando sus propios negocios y otros con grandes ideas para microempresas. Investiga y vas a encontrar unas postales bien cool, unas paletas artesanales y hasta palitos de guayaba. Pero por favor, no hables mal de mi…

Aunque estés lejos, tú también puedes hacer tanto por mi. Comparte únicamente las buenas noticias, los mensajes negativos solo abonan más a mi pena. Si buscas hechos positivos, de seguro los vas a encontrar. Que se haga viral todo lo bueno que me está pasando. Te pido que lo compartas con el mundo, en las redes sociales, en lo que dices y con quien hablas. Que cada palabra que salga de tu boca sea para decir nuestras bondades, como los de buena gente.

Y desde allá, envíame en un abrazo la fortaleza que necesito para seguir adelante. Pero por favor… no hables mal de mi…

Te ama,

Tu Madre Patria

P.D. Recuerda que en ningún otro lugar hacen un café como el mio. 😉

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