Punta Guaniquilla, un privilegio

Punta Guaniquilla

La experiencia que viví en nuestro recorrido con la organización Para la Naturaleza por la Reserva Natural Punta Guaniquilla fue reveladora en muchos sentidos, curiosamente opuestos unos de otros.

– ¿A dónde ustedes van de vacaciones? –esa fue la pregunta que me hizo una amiga estadounidense cuando vino de visita a Puerto Rico. Antes de que yo le pudiera contestar, me comentó: –¡Es que ustedes viven en un paraíso! En nuestro archipiélago contamos con muchísimos tesoros naturales, como El Yunque, la zona del carso, el Bosque Seco de Guánica y el Monte del Estado, por mencionar solo algunos.  No obstante, Punta Guaniquilla en Cabo Rojo, además de ser único en el archipiélago de Puerto Rico, es un espacio totalmente transformador.

Emociones encontradas

La experiencia que viví en nuestro recorrido con la organización Para la Naturaleza por la Reserva Natural Punta Guaniquilla fue reveladora en muchos sentidos, curiosamente opuestos unos de otros. Por un lado, aumentó mi orgullo patrio al tener el privilegio de vivir en un lugar donde existen lugares tan exuberantes como este.  Por otro lado, la vergüenza ajena me inundó de coraje ante la falta de pertenencia y respeto que todavía existe, de parte de algunas personas, hacia estos tesoros.

Intérprete necesario

Una de las claves para que este recorrido se convirtiera en algo más que una excursión fue quienes nos llevaron a través de LA EXPERIENCIA.  Los intérpretes de Para la Naturaleza son más que guías, fueron los encargados de expresarnos la realidad de una manera personal.  Ray, José y Sandra nos llevaron a sumergirnos en este entorno natural, hasta el punto que yo salí de allí venerando cada momento vivido. En varios sitios nos deteníamos a observar, aprender y entender el por qué y el cómo este lugar se relaciona a cada uno de nosotros, no solo como seres humanos, sino como puertorriqueños.

Las ruinas están localizadas cerca de la entrada de la reserva.

Diente de perro

LA EXPERIENCIA comienza en las ruinas de la Hacienda la Romana; localizadas cerca de la entrada de la reserva.  Allí nos repartieron agua y meriendas para el recorrido y los cascos con luces; que utilizaríamos para entrar a la cueva.

Desde las ruinas se veía el paisaje espectacular de las piedras con formaciones llamadas diente de perro.  Ray nos habló, con aquella maravilla de fondo, sobre piratas y la conservación del lugar.  Además, nos describió brevemente, pero con vehemencia, la composición del ecosistema. Pude notar su tono de voz resonante de entusiasmo cuando abundó sobre la flora y fauna. Al detallar que la reserva alberga ochenta y nueve especies de aves, se le escapó una sonrisa que destilaba orgullo. Al añadir que existen 389 especies de árboles y plantas, el pecho se le infló de satisfacción. Esa misma intensidad de amor por lo que hacen, nos acompañó durante todo el recorrido.

El ecosistema de esta reserva es complejo, en un solo lugar se encuentran: bosque seco, manglares, matorral costero y el sistema de cuevas.

Ruta

Nuestro intérprete también nos explicó que el viaje sería de aproximadamente tres horas y media, gran parte bajo el sol, por eso la importancia de hidratarnos y de una gorra. La ruta es circular, o sea, llegas por un lugar y sales por otro. No obstante, el trayecto tiene más de una vereda marcada, por eso es sumamente importante que vayas con alguien que conozca los alrededores.

En los años setenta, una compañía petrolera quería establecer una refinería en este edén.

El pirata Cofresí

El valor de Punta Guaniquilla además de ecológico, es histórico. El área de Cabo Rojo, como en otras partes de Puerto Rico, fue atacada por corsos, piratas y bucaneros. Se dice que el pirata Cofresí utilizaba Punta Guaniquilla como refugio. Una de las cuevas que visitamos en la reserva se le dio el nombre de este pirata.

La refinería en un edén

Para abundar en la historia del lugar, Ray nos comentó que en los años setenta, una compañía petrolera quería establecer una refinería en este edén. Sí, esto hubiese sido un pecado. Sin embargo, el Departamento de Recursos Naturales y el Fideicomiso de Conservación, a través de un acuerdo de co-manejo, adquirieron los terrenos para su conservación. Posteriormente, el Fideicomiso y su división de manejo de reservas, Para la Naturaleza, adquirieron la totalidad del espacio para conservarlos a perpetuidad.  Actualmente son cuatrocientas ochenta y siete cuerdas destinadas a preservar.

Ray nos mostró pedazos de sílex que encontró en el suelo. Los taínos usaban este tipo de piedra para puntas de flecha.

Hotel cinco estrellas

Luego de que los intérpretes compartieran con nosotros la información básica del lugar, nos dispusimos a adentrarnos a este entorno exclusivo. José, otro de los experimentados intérpretes, nos había comentado, cuando estábamos en el área de las ruinas, que la reserva es como un hotel cinco estrellas para las aves. Al entrar a este paraíso pude constatar la riqueza natural que lo convierte, no solo un espacio de lujo para los pájaros, sino también para los fotógrafos y quienes practican la observación de aves. Nos adentramos entonces a un bosque seco sub tropical.

El pitirre es un ave sumamente territorial, también se le reconoce por su canto mañanero.

Señal de huída

Caminábamos por una vereda rodeada de arbustos y árboles. Ray iba primero y se detuvo de repente: –¿Escuchan ese sonido hueco? –nos preguntó. Era una resonancia profunda, como la de un sapo. –Ese es el garrapatero –Ray explicó que el judío, como también le llaman a esta ave, hace ese sonido para anunciar que alguien se aproxima. Luego, escuchamos la señal de huída; el chirrido parece literalmente una alarma, pero un poco más suave.

Como buen puertorriqueño

En este hotel cinco estrellas también pudimos escuchar a la reinita mariposera, a la tórtola cardosantera, el pitirre y, por supuesto, a nuestro querido San Pedrito.  Como buen puertorriqueño, esta especie es muy familiar. No solo la madre alimenta la cría, sino el padre y los hermanos también.  Al turpial lo pudimos escuchar y hasta observar, estaba posando en uno de los árboles cerca de la vereda. Casi al final del recorrido tuve la oportunidad de fotografiar a un pitirre. También vimos incontables mariposas, unas blancas y otras amarillas, que huían revoltosas del lente de mi cámara. El pitirre fue más fácil de fotografiar.

Pringamosa y pica pica

Otra de las muchas razones por la que hay que visitar este lugar con un intérprete es por la variedad de vegetación peligrosa. Por ejemplo, el arbusto llamado chicharrón, se debe evitar rozarlo, ya que tiene un ácido que come la piel.  Ray también nos advirtió de la pringamosa y del pica pica. Mi abuelo vivía en un campo de Vega Baja, recuerdo la sensación desesperante que se impregna en la piel luego de tocar la pringamosa.  Sin embargo, lo más peligroso, hasta el punto de ser mortal, es el árbol de manzanillo. Lo encontramos casi al finalizar nuestro recorrido, cerca del bosque del manglar.

Mosaico de ecosistemas

A medida que caminábamos, Ray nos hacía notar cómo pasábamos de un ecosistema a otro: del bosque seco subtropical, a un manglar, al sistema de cuevas, luego a la laguna. Pasamos de ver el árbol de guamá y a solo pasos encontramos el mangle negro.

Al salir del bosque seco, como había llovido recientemente, nuestra botas cargaban una gran cantidad de fango.

Cuatro tipos de mangle

En el espacio del manglar se observan los cuatro tipos de árboles: el mangle botón, que se encuentra en la parte más alta del manglar; después está el blanco, que tiene dos pequeñas glándulas anaranjadas o rojizas en la base de la hoja; le sigue el negro, que se caracteriza por los neumatóforos (raíces para intercambiar gases); y finalmente, el mangle rojo, que es el más cercano al agua.

Un cangrejo hermitaño pasó frente a nosotros y Ray aprovechó para explicarnos la importancia de dejar el caracol vacío para que otro cobito lo encuentre.

Caldo de pollo

Al pasar por el área rocosa pudimos observar grietas en las piedras causadas por cambios de climas abruptos; demasiado calor. Luego de subir y bajar algunas piedras, llegamos a un espacio de sombra muy fresco y acogedor. Allí observamos una flora más amistosa: el árbol de úcar, el almácigo y otras plantas que crecen sobre las rocas, como el anturio nativo.

Ray nos contó sobre un caballero que asistió al recorrido y le dijo que cuando él era pequeño su madre cocinaba caldo de pollo con la corteza de este árbol. El hombre pensaba que verdaderamente tomaba caldo de pollo, hasta que descubrió que era madera lo que su mamá le echaba al agua. En la década de los cuarenta, el almácigo se usaba para alimentar a muchas familias puertorriqueñas.

Sin luz no encuentras la salida

Otra de las razones por las cuales es necesario ir acompañado por un intérprete, en este recorrido, es por la seguridad que se debe observar en las cuevas.  Los guías de Para la Naturaleza están adiestrados en rescate de cuevas y en primeros auxilios.  Cuando nosotros entramos a la cueva del pirata Cofresí, Ray y José nos llevaron adentro y Sandra se quedó afuera, como medida de seguridad. Si hay una emergencia, la persona que se queda afuera puede responder más rápidamente y buscar ayuda.

Al explorar este tipo de ecosistema es necesario que cada persona lleve un casco con luz; el personal de la organización lo proporciona y está preparado para cualquier eventualidad. Solo imagina que vayas con una linterna y te quedes sin baterías allá adentro, sin luz no hay forma de que puedas encontrar la salida. De igual manera, aunque tengas iluminación, si no conoces el lugar, te puedes perder fácilmente.

Como en otro planeta

Salimos de la cueva rumbo a un oasis. Silencio. Quietud. Paz. Estaba tan ensimismada en el paisaje que no podía avanzar. Petrificada, pero no de terror. Sentí como si llegara a la Luna; como bien dijo Ray: el paisaje es como de otro planeta. Las rocas son cómplices del agua, se levantan sobre la superficie como si flotaran. El cielo claro de fondo le otorga esa sensación de tridimensionalidad a las montañas de piedra, que parece que de un momento a otro cobrarán vida. La viuda camina elegante sobre el agua y no levanta el vuelo hasta que termina de comer.

Desde el otro lado el paisaje es igual de extraordinario.

Un minuto de silencio

Durante este recorrido Ray nos invitó a llevar a cabo varios ejercicios. Los más que me impactaron fueron: el que hicimos en este espacio y el que practicamos al final del recorrido con un árbol de almácigo.

En el área de la laguna y sentados sobre las rocas, nuestro ahora amigo, Ray nos invitó a sentarnos con los ojos cerrados y guardar silencio por un minuto. Fue maravilloso tener la oportunidad en ese momento de dar gracias por vivir LA EXPERIENCIA y pedir comprensión para aquellos que todavía no pueden entender el valor de un lugar como este. Fue trascendental poder meditar sobre la relevancia del almácigo, de la mariposa, del mangle y del ecosistema completo, no solo para la naturaleza, sino para nuestra subsistencia en el planeta.

Hacia el otro lado

Pero LA EXPERIENCIA no terminaba ahí. Este escrito se puede considerar como una película con muchos finales. Luego de ese momento trascendental, nos esperaba descubrir el otro lado de las rocas.  Para llegar hasta allí caminamos en el salitral. Ahí me di cuenta de la conveniencia de llevar botas, porque si hubiese ido en tennis hubiese terminado con los pies empapados.

«Huy, letal sombra del manzanillo«

Entonces llegamos al árbol de manzanillo. Nos detuvimos frente a él. Recordé la canción de Roy Brown, Aires Bucaneros: Huy, letal sombra del manzanillo, roja calina de las praderas, miasma envolvente de los manglares…

Ray recogió del piso el fruto y nos lo dio a oler. El pequeño fruto color verde huele dulce, exquisito al olfato, pero venenoso al gusto. De la misma manera, la leche que botan sus hojas son un ácido tóxico para la piel. De acuerdo a nuestro intérprete, fue durante la colonización que se descubrieron los efectos de este árbol; hasta el punto que los españoles trataron de erradicarlo de la Isla.

Suelo como gelatina

Pasamos de la impresión de un árbol mortal a un terreno que se expande y se contrae, como un acordeón.  Allí hicimos otro ejercicio para experimentar un leve temblor.  Nos paramos en dos filas, unos frente a otros. Primero brincaron quienes estaban a un lado, luego los que estábamos al otro. La idea era que pudiéramos sentir el suelo temblando bajo nuestros pies. Llegamos hacia el otro lado de las rocas cruzando un suelo que se movía con cada una de nuestra pisadas.

Rocas en vilo

Las rocas desde el otro lado se ven más lejos, no obstante, son igual de impresionantes.  Desde este punto la arena marca el comienzo de la laguna y luego aparece un gigantesco pedregal como si temiera rozar el agua. Parece como si las rocas estuvieran en vilo, suspendidas de las nubes ausentes. El cielo despejado completaba el paisaje alucinante.

Energía natural

El final de nuestro trayecto: Un árbol de almácigo con energía para regalar. Aquí el último ejercicio trascendental. Había experimentado la sensación de abrazar a un árbol anteriormente. No obstante, luego de LA EXPERIENCIA en este lugar alucinante, fue cómo agrupar todas las sensaciones en un momento sobrecogedor. Abrazo. Energía. Instantes. Vida. Gratitud. Amor.

Uno a uno fuimos abrazando al almácigo mientras éste nos regalaba su energía. Luego subimos a una loma para contemplar, al lado de un gigantesco cactus, la vastedad del mar Caribe y el verdor del suelo. ¡Esplendoroso!

LA EXPERIENCIA

Este es el final. Aquí terminó LA EXPERIENCIA. Nos despedimos de nuestros amigos de Para la Naturaleza, no sin antes agradecerles que compartieran con nosotros su interpretación exquisita de este entorno. De regreso a casa pensé que si yo hubiese visitado Punta Guaniquilla, antes de que mi amiga estadounidense viniera a Puerto Rico, le hubiese aclarado lo siguiente: En Puerto Rico tenemos el privilegio de vacacionar aquí mismo y sentirnos en otro planeta.


Prácticas de turismo consciente:

1. Aprender sobre la relevancia de la historia de Punta Guaniquilla.

2. Conocer los diferentes ecosistemas del lugar y respetarlos.

3. Disfrutar del privilegio de visitar lugares como este sin vandalizarlo.

4. Educarse sobre la flora y fauna del lugar.

5. Apoyar organizaciones como Para la Naturaleza y ayudar a promover la educación y conservación ambiental.


Por qué es recomendable visitar la reserva a través de Para la Naturaleza:

1. Solo así vives LA EXPERIENCIA.

2. Seguridad personal – entre los recursos existentes en la reserva hay un sistema de cavernas donde alguien que no conozca el lugar se puede perder.  Además, hay varias rutas marcadas del trayecto que pueden confundir.

3. Seguridad del entorno – existen varios recursos naturales que puedes perjudicar si no conoces; como el salitral que hay que pasar por el punto más lejano a la roca para no afectarlo y el cangrejo ermitaño que se puede pisar si no estás consciente de observar tu entorno.

4. Sería en vano, visitar esta reserva y no aprovechar todo lo que se puede aprender aquí. Entender la relevancia del lugar y cómo funciona esta unidad biológica es imprescindible.

5. Estás entrando a una propiedad privada, por lo que es importante ir acompañado de las personas autorizadas para guiarte a través de la misma.


Nuestras recomendaciones:

1.     Hacer reservaciones en Para la Naturaleza con tiempo.  Existe mucha demanda para visitar este lugar.

2.     Usar botas de senderismo por la diversidad del suelo. No lleve sandalias, ni flip flops. Si lleva tennis puede que se mojen.

3.     Pantalón largo y camisa con mangas. Créanme yo sentí los insectos bien cerca.

4.     Gorra o sombrero para el sol. Totalmente necesario.

5.     Botella de agua reusable para no generar basura con las botellas plásticas.

6.     Meriendas en bolsos de tela para no usar bolsas plásticas.

7.     Cámara o celular para fotos de un lugar único.


Nota al calce:

Conmovida por la majestuosidad de este lugar, yo no salía de mi asombro y enojo al notar el grafiti en las ruinas. Alguien, obviamente sin ningún sentido de responsabilidad, ni de pertenencia, se atrevió a cometer tan despreciable barbarie. ¡Vergüenza ajena!

A pesar de todavía existen personas sin consciencia, tenemos a organizaciones como la de Para la Naturaleza que llevan a cabo un esfuerzo loable por educar y conservar.  No solo tienen variados programas de educación como Ciudadano Científico y Árboles Campeones, sino que trabajan con ahínco para la conservación.  Actualmente en la isla solo un 8% de los terrenos está destinado para la conservación, esta organización tiene como meta llegar a un 33% para el año 2033. En lugares como la isla de St. John se protege más de cincuenta por ciento y en la isla vecina de República Dominicana se conserva un 24% de los terrenos.  Visita la página Para la Naturaleza y entérate cómo puedes ser parte de este cambio para Puerto Rico.


Para más información sobre la Reserva Punta Guaniquilla puedes comunicarte al 787-722-5882 o visita la página de internet Para la Naturaleza.

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