Turismo y naturaleza en Italia

El turismo de la naturaleza es una experiencia que está muy de moda Cuando viajo –y cuando no también–, siempre busco lugares naturales para visitar. Los escenarios verdes de Italia fueron los protagonistas de mi turismo de naturaleza por la Toscana, los Alpes Apuanos, la región Baño di Lucca y las montañas de las Dolomitas. En Italia hice como la cabra, tiré pa’l monte. Aquí 5 experiencias inesperadas en estas regiones ecoturísticas.

Bañarse en un bosque de cuentos de hadas (Reserva Pietraporciana)

Al entrar a Pietraporciana recordé el cuento: La casa del bosque de los hermanos Grimm. Lloviznaba, la neblina me rodeaba como abrazo de bienvenida y así empezó el Shinrin-yoku; que es absorber la floresta con todos los sentidos. El también llamado baño del bosque es una actividad de turismo y naturaleza que se debe experimentar aunque sea una vez en al vida.

 Mis pisadas seguían el camino ya marcado con verjas de madera. El musgo vestía a los árboles y hasta las rocas. No podían faltar los hongos blancos asomándose desde el tronco caído. Las ramas se movían con el sss sss del viento. Mi rostro se mojaba con las gotas que caían al ritmo de la ventisca. El squish squish de la pisada sobre las hojas húmedas y el olor fresco a tierra mojada abonaban a la experiencia sensorial, pero faltaba algo. Miré hacia arriba y abrí la boca para saborear la llovizna.   

Usar un mapa sin que hable (Isola Santa)

Me encontraba cerca de los Alpes Apuanos y no había señal de internet, así que no podía usar google maps para guiarme. Eso me pasa con frecuencia cuando hago turismo de naturaleza. Para llegar a Isola Santa recurrí a la antigua costumbre de usar un mapa impreso. Una vez descifré dónde estaba el norte viré en dirección contraria para llegar hasta la villa medieval, guiada por una herramienta del pasado que no me hablaba. 

Llegué al punto marcado en el papel que me guió hasta allí. No vi ninguna aldea, solo árboles de castaña. Aún así me estacioné al lado de la carretera, –no había otra opción–.  Caminé un poco y otro poco más. Nada. Por uno de los huecos entre los árboles divisé agua, luego una muralla de piedra, después varias casas. Cuando llegué a la aldea desierta –incrustada en el monte y dibujada en el lago– el silencio me persiguió.

Remar en stand up paddle sin caer (Bagni di Lucca)

Metí los pies al agua y me tuve que subir inmediatamente a la tabla porque estaba a punto de perder la sensación en la piel. Para los que tenemos sangre tropical y estamos acostumbrados a las aguas cálidas del Caribe –donde no usamos trajes de neopreno para el SUP– es una ventaja mantenerse parado en la tabla y no caer al río Lima. Según mi termostato interno, un resbalón en aquellas aguas me pudo haber causado hipotermia. 

Empecé a remar hacia el interior del cañón en la región de Baño di Lucca. La luz del sol buscaba paso entre las hojas de los árboles mientras yo deseaba que calentara un poco el agua. El sonido pausado del remo en el agua, el abrazo de las gigantescas rocas que me rodeaban y el baile entre el sol y las hojas, hicieron que olvidara la temperatura del agua. Allí sobre la tabla SUP tuve una de las más hermosas experiencias de turismo de naturaleza.

Hacer malabarismo con las montañas como escenario (Lago Braies)

Llegué temprano en la mañana al Lago Braies para poder tomar fotos sin tanta gente. El también llamado Pragser Wildsee es un famoso lugar para experimentar el turismo de naturaleza.  Alquilé un bote y remé al centro del lago. Sentarme en el medio de la embarcación de madera, fijar los pies para hacer balance, esperar a que el bote dejara de moverse y enfocar la cámara sin marearme –hacia las montañas delineadas en el lago– fue un acto de malabarismo. 

Hasta que vi en otro bote a una pareja de jóvenes. La muchacha estaba de pie y se iba quitando la ropa hasta quedar en traje de baño. Al principio no sabía qué hacían. Luego me di cuenta de la cámara del muchacho que estaba con ella. Él le tomaba fotos mientras ella se movía como trapecista del Cirque du Soleil al ritmo de los cencerros de las vacas que paseaban por la orilla. Pensé que era yo quien hacía malabares.

Ver un edelweiss con un poco de trampa (Tres Cimas de Lavaredo)

Regresaba hacia el refugio Auronzo cuando escuché de los labios de un guía turístico: “Edelweiss, edelweiss”, dijo como si vendiera boletos de lotería. Yo tenía que ver aquella rareza de pétalos gorditos como cachetes de bebé. Había estado todo el camino hacia las Tres Cimas de Lavaredo pendiente de verlas y no lo había logrado. Una de las muchas razones por las que hacía turismo de naturaleza en esa zona era para tomarle fotos a la flor.

Caminé detrás del grupo de turistas –que seguían a aquel hombre que aseguraba haber visto la flor de las nieves– guardando esa distancia que grita: “que no se den cuenta”. Detrás de mi se formó una fila de otros, que como yo, aprovechaban la oportunidad para ver el edelweiss. Cuando llegué el guía todavía estaba allí y dijo en broma: “Cinco euros para ver la flor”. 

¿Alguna vez buscaste alguna seta que no pudiste encontrar? ¿O se te escaparon detalles que debías investigar antes de ir al bosque? Ya sabes que cuando te adentras a un entorno natural nunca hay garantías, solo sorpresas. ¿Qué experiencia has vivido en un entorno natural?

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